*

X

La mansión de Millbrook, el legendario cuartel general de la revolución psicodélica de Tim Leary (FOTOS)

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 08/08/2017

Millbrook fue el lugar donde Tim Leary reunió a un grupo de artistas y jóvenes ávidos de experimentar con el LSD. La mansión sería el semillero de las ideas y las actitudes propias del movimiento contracultural de los 60

El profesor de psicología de la Universidad de Harvard, Timothy Leary, conocido por ser el principal responsable de lanzar la propaganda psicodélica de los 60 que daría lugar al movimiento contracultural, tuvo por un momento una utopía psicodélica en Millbrook, Nueva York. Una mansión que sería conocida como el cuartel general de Leary y sus amigos, dando lugar a todo tipo de leyendas sobre el comportamiento más desquiciado y divertido de la década.

La famosa mansión de Millbrook era una especie de castillo barroco de estilo bávaro de 64 habitaciones que había sido posesión del presidente de Standard Oil antes de que lo comparara Billy Hitchcock en 1963. Hitchcock era un joven heredero de una enorme fortuna, corredor de Lehman Brothers y, por supuesto, psiconauta aficionado al LSD. Billy había comprado la casa, que estaba semiabandonada, como una inversión, pero su hermana Peggy, quien lo había introducido al LSD, había conocido a Leary y tenía una idea. Leary había sido despedido de Harvard por darle psicodélicos a sus alumnos y se encontraba endeudado, viviendo en los márgenes de la sociedad, pero con ideas revolucionarias y un coolness insuperable. Peggy era una jetsetter, mecenas de músicos y artistas, a la que se le ocurrió rentarle la casa a Leary y a su colega Richard Alpert. Así que en septiembre de 1963 Leary y Alpert y otro profesor de Harvard, Ralph Metzner, se mudaron a la casa con unos 30 seguidores, con el compromiso de pagar 1 dólar al año por la mansión. A la prensa se le dijo que se retirarían a escribir y vivir tranquilamente, suspendiendo sus polémicos experimentos con drogas psicodélicas (algo que era mentira). Así empezó lo que puede llamarse una fantasía psicodélica medieval, una especie de orgiástico revival dionisíaco.

La mansión fue renovada con decoración psicodélica, alfombras persas, acuarios con peces extraños, cabras, perros y gato, arte oriental, todo en medio de un rancho de ganado, praderas y cascadas. Un grupo itinerante de jóvenes viajando en ácido vivían en la casa o incluso en los jardines y una ola de celebridades como Charles Mingus, Maynard Ferguson, Allen Ginsberg, Alan Watts, Humphry Osmond, R. D. Laing y otros se reunían para tener conversaciones metafísicas tonificadas por el nuevo Santo Grial. Todo mientras Billy Hitchcock hablaba con banqueros suizos de negocios por el teléfono. Hitchcock representaba una contradicción, alguien ligado y apegado al establishment fondeando a un grupo rebelde que buscaba incendiar el sistema con la conciencia psicodélica, con flores, drogas y amor.

En Millbrook se concibió la revista The Psychedelic Review y el seminal texto The Psychedelic Experience basado en el Libro tibetano de los muertos, el cual sería leído por John Lennon e inspiraría el clásico "Tomorrow Never Knows". Como era evidente, esta especie de Arcadia no podía durar y con el tiempo los residentes de la zona se empezaron a quejar, pues las cosas se volvían más dementes. El 17 de abril de 1966 el procurador G. Gordon Liddy lideró una redada en la propiedad, arrestando a Leary, aunque no se encontraron drogas. Pero desde ahí, el sueño colapsaría y poco a poco los miembros originales irían dejando el lugar. Alpert se iría a la India y regresaría como Ram Dass para escribir el clásico contracultura Be Here Now. La escena se movería al sol (y al sunshine acid) de California.

 

 

Tom Wolfe, en su también clásico contracultural The Electric Kool-Aid Acid Test describe cómo Ken Kesey y los famosos Merry Pranksters (la otra gran influencia en el movimiento psicodélico) fueron a ver a Leary, en lo que se esperaba iba a ser el gran encuentro de zares psicodélicos. Kesey se encontraba en perpetuo tour en su camión de colores, tomando grandes cantidades de LSD con el plan de subvertir a la nación. Al llegar a la mansión, sin embargo, se encontraron con que Leary estaba llevando a cabo un supuesto viaje de 3 días y no estaba muy interesado en este encuentro de gigantes.  

El momento apoteósico (algo así como el lanzamiento oficial de todo este caótico proyecto) sería el Human Be-In en San Francisco en 1967, el evento musical y cultural que reuniría a miles de personas en torno a la música de bandas como Jefferson Airplane, The Grateful Dead e intervenciones de Allen Ginsberg, Tim Leary, Michael McLure, etc. Este sería el gran evento de detonación pública de la llamada "revolución psicodélica".

 

8 prácticas para revelar el verdadero poder de nuestros pequeños actos y mejorar nuestra forma de sentir y experimentar el mundo

William Burroughs es uno de los más interesantes escritores de la generación beat. Sus libros (como El almuerzo desnudo) irrumpieron escandalosamente en la tierra de lo literario con su cut-up method o "método de corte", fincando un precedente al mashup y los remixes de los medios electrónicos que habrían de aparecer décadas después. Burroughs contaba con amigos de la talla de Jack Kerouac y Allen Ginsberg y en 1980 se convirtió en algo así como un icono de la cultura estadounidense; entre sus amigos famosos se contaban también Patti Smith y Andy Warhol.

En el mundo de la psicodelia, Burroughs fue uno de los primeros autores estadounidenses en escribir sobre la ayahuasca. The Yage Letters, publicada en 1963, habla sobre esto mediante cartas a la generación beat. Sin embargo, su interés por los psicodélicos no se detuvo allí (su curiosidad por la ayahuasca se debía a los rumores alrededor de esta planta, la cual tenía fama de dar habilidades telepáticas); Burroughs pretendía hallar todas aquellas posibilidades y maneras de lo oculto y lo esotérico. Escribir para Burroughs era un acto mágico, un tipo de autodeterminación.

El orden correcto de las palabras podría reescribir el mundo pero, si no eras cuidadoso, reescribirías tu vida de un modo contrario al que deseabas. En una serie de lecturas, Burroughs habla de las posibilidades del escritor como un mago hermeneuta (Hermes, después de todo, era el dios mensajero, el dios de la comunicación y de la intersección de los caminos). ¿Qué mejor camino para abrir nuestro ser hacia una realidad simbólica fusionada, un mundo sincrónico y con sentido de la vida, que tomar unas cuantas pistas de un escritor? Especialmente de un escritor como William Burroughs, cuyo sinsentido y enfoque experimental le habla al moderno, mágico psiconauta.

El tema que manejo está dirigido a… jóvenes y viejos, hombres y bestias, y a cualquiera con una obsesión. El tema es la tecnología de la querencia.

 

La magia es, sin duda, una especie de simpatía con el cosmos. El significado en ti está envuelto de algún modo en el significado afuera de ti. A todo acto ritual le corresponde un acto futuro realizable. Un rito mágico exitoso justo antes de esa “primordial” cacería ayuda a garantizar su éxito, ya que las dos están vendadas en una sola mágica reunión. En el ancho paisaje de este mundo, el gran cosmos es como una cuerda ligada a una profunda resonancia.

En esta lectura, Burroughs es discutido ahora en un libro digamos oscuro, a saber: En las fronteras del ciencia: Extrañas máquinas que puedes construir, de Harry G. Stine. En el capítulo 9 de este libro, Harry nos explica sobre un extraño dispositivo llamado “La máquina de los deseos”. Este libro futurista y a la vez retro, de 1980, vino a inspirar la novela Las tierras del oeste escrita por Burroughs en 1988.

 

Burroughs nos ofrece ocho importantes tips para ver el mundo como un lugar burbujeante de sentido y sincronía, además de las herramientas para ayudarnos a navegar en él.

 

1. Desear sin deseo

Esto parece contraintuitivo. Pero, ¿no desearías “perder” tu querencia sin deseos vehementes, sólo para verla pasar? “Si estás a punto de hacer un deseo”, comenta Burroughs, parafraseando a Eliphas Lévi: “deberás estar listo para ‘desear o andar sin deseos".

El chiste de todo esto es superar los arroyos más profundos del deseo humano y dirigirte hacia aguas más profundas de la certeza.

Esto nos lleva al segundo punto:

 

2. “Siempre visualiza tu deseo como algo ya consumado. Todo deseo debe ser incondicional”

Aquí es donde lo mágico y el deseo ganan potencia.

 

Si vas a decir: “Lo quiero, pero…” olvídalo, será la muerte justo en la plataforma de lanzamiento.

 

Sin embargo, esto te deja algo importante a consideración: ¿Qué tipo de responsabilidad te crearía este deseo realizado? ¿Qué escogerías? Ten esto en mente cuando lo estés visualizando, ya real y concretizado.

 

3. Todo es significativo para ti porque es válido para ti

“Todo aquello que ves tiene un significado especial, porque lo ves. Esto parece obvio, pero en la práctica es como un shock para muchas personas”.

Burrougs desbarata el “dogma científico” del materialismo, el cual propone que la conciencia humana y la realidad externa no tienen conexión alguna --negando aquella simpatética y mágico-mística manera de ver el mundo. Este tipo de perspectiva reduccionista es, dice, “indefendible, para todo aquel con mente abierta”. Carl Jung acuñó el término de sincronicidad y lo elaboró junto al físico Wolfgang Pauli; esta sincronicidad la entendieron ellos como “la realidad de la psique”.

Nuestro mundo interno no es un vapor epifenómeno; nuestro paisaje interior no es vapor. Burroughs era un duro crítico del materialismo, el cual negaba su propia vida de experimentación consciente y subjetiva.

 

4. Fíjate qué piensas y sientes cuando te encuentras en un punto de intersección

Esto es lo que podríamos describir como sincronicidad: un significativo punto de intersección entre tu vida interior y el mundo exterior.

“Haz de la nada un hábito” dice Burroughs, y agrega: “aquello que piensas y sientes cuando te encuentras en un punto de intersección es lo que capta tu atención”. Piensas en un amigo y, repentinamente, éste te contacta, o, quizá, alguien llama a un extraño con el mismo nombre en la avenida; una palabra rotulada en un camión de carga te maravilla o espanta por su significado. Las posibilidades tienen un sinfín de combinaciones y usualmente nunca son lo que esperas, pero te crean el hábito de notar tus procesos internos. ¿Qué estabas pensando en ese momento? ¿Qué ideas se te cruzan por la mente? Es probable que veas muchas veces al mismo extraño de camino al trabajo, no importa la ruta que tomes: “él no te está siguiendo, sólo asiste a la misma rutina”.

 

5. Alterando tu punto de observación, modificas tu entorno. (El engaño al ver, parte I)

Este es “un acto de magia realizado por todo artista”, sí, pero es verdad para cada persona. Cambia tu realidad cambiando de sitio para ver. Toma un camino distinto para trabajar. Haz algo ligeramente diferente.

Desquicia la ruta de tu rutina. Remueve la materia prima de la intención, de la realidad y hazle camino a la potencia del tropiezo --“casual”-- en toda intersección vital.

 

6. No puedes enseñarle nada a nadie que no desconozca en cierto nivel. (El engaño al ver, parte II)

Algo tan sencillo que lo escuchamos decenas de veces: no puedes ver algo que nunca has visto. Pero, como en la anterior sugerencia de romper la monotonía de tu rutina diaria (en la búsqueda de visión y significación) debes, como Rilke dice, “cambiar tu vida”.

No permitas que tu ser se estanque en el camino (duplicado si es que eres un bicho de hábitos --me declaro culpable--). Como dice Burroughs: “No ver es un procedimiento por escalas. Cuanto menos veas hoy, menos verás mañana”.

Recuerda: incluso las novedades más insignificantes y los senderos son algunas veces lo único que cuenta. Un nuevo letrero en la calle abre la puerta para mensajes llenos de sentido, particulares, familiares y diminutos, como un minino que se te cruza en el camino.

Debes vivir tu vida como si fuera tu propio proyecto creativo, tu autoexperimentación. Porque lo es.

 

7. Eclipsa al destino: escribe para mantenerte feliz

Esta es otra idea contraintuitiva de principio. Burroughs nos dice que él se ha preguntado si escribiría estando en una isla desierta. “¿Y por qué no?”, responde, y continúa: “Me encargaría de escribir con gran detalle sobre un barco y como éste me recoge de la isla… Los escritores escriben también para mantenerse felices”. La idea es pensar sobre aquello que te pone nervioso y ansioso y escribir sobre ello (todas las pequeñas y realistas veredas podrían suceder) minuciosamente. No sólo estás superando una ansiedad innecesaria que cargas como bulto sino, como un doctor que te cura la gripe a cucharadas, estás inoculando tu ser con la muerte del virus de la debilidad. Cualquier cosa mala que te preocupe, por tu felicidad, pierde su potencia.

Las palabras, la imaginación y el sentido son mágicos, como mágica puede ser la medicina.

 

8. ¿Algunas veces? Tómate un día libre (como te corresponda)

En un día de la patada, donde ves venir un enjambre de caminos bloqueados, a veces es mejor equivocarse del lado de la precaución. Tómate el día. “Economiza y se precavid@”. Esos días, como cuando Mercurio entra a su fase retrógrada, es más útil un momento de equilibrio y reflexión. Mercurio (Hermes) tiene la cualidad de ser un embaucador. En su fase retrógrada se mueve hacia la ofuscación (hacia el inframundo), y esto incluso podría ser útil. Así como el punto número 5, también puede brindarnos un nuevo punto de vista.

 

Todos estos tips, como podrás darte cuenta, fueron diseñados por la mente del escritor, pero cualquiera de nosotros puede adoptar el punto de vista de él: unos anteojos hermenéuticos. Cualquiera de nosotros puede reconocer el paisaje simbólico y significativo que como seres humanos vivimos: con mundos fértiles e interiores. Mundos que, en ocasiones, se derraman en la materia casual de nuestros días. Podemos vivir nuestras vidas de modo mágico si tenemos las herramientas correctas. Podemos exprimir más de nosotros mismos, de nuestra autoría, si enfocamos bien, si reconocemos los enfoques (experimentación, exploración, curiosidad creativa) para ayudarnos a abrir la caja de tesoros que nuestra vida interior puede cosechar.

Gracias a William Burroughs por señalar que esa literatura mágica es la última “máquina de los deseos”.