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La neurociencia te explica los beneficios de leer más libros al año

Libros

Por: PijamaSurf - 03/24/2017

Según la neurociencia, la lectura provocaría en el cerebro humano el óptimo funcionamiento de numerosos procesos mentales, tales como la percepción, la memoria y el razonamiento

La lectura, guarida ficticia de la realidad, es una herramienta poderosa que puede convertir la ignorancia en razonamiento, la imaginación en creatividad y el estancamiento en empoderamiento. De alguna manera, la lectura de libros resulta ser esa clave que permite “abrir los ojos” ante la realidad desde la subjetividad, siendo capaz de proyectar grandes ideas en torno a un bienestar global y general. 

Desgraciadamente, la lectura no es una de las actividades más populares en la actualidad. La Encuesta Nacional de Lectura 2012 realizada por la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura reveló que uno de cada dos hogares en México tiene entre uno y 10 libros no escolares, el 54% de los encuestados no lee cotidianamente, y el 34% no ha leído un solo libro en su vida. ¿Qué pasaría si ese 88% comenzara a leer? 

Según la neurociencia, la lectura provoca en el cerebro humano el óptimo funcionamiento de numerosos procesos mentales, tales como la percepción, la memoria y el razonamiento. Esto se debe a que al leer se activa el hemisferio izquierdo del cerebro y, por los tanto, los procesos del lenguaje y del análisis. Para Ignacio Morgado Bernal, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona de España: 

Decodificar las letras, las palabras y las frases y convertirlas en sonidos mentales requiere activar amplias áreas de la corteza cerebral. Las cortezas occipital y temporal se activan para ver y reconocer el valor semántico de las palabras, es decir, su significado. La corteza frontal motora se activa cuando evocamos mentalmente los sonidos de las palabras que leemos. Los recuerdos que evoca la interpretación de lo leído activan poderosamente el hipocampo y el lóbulo temporal medial. Las narraciones y los contenidos sentimentales del escrito, sean o no de ficción, activan la amígdala y demás áreas emocionales del cerebro. El razonamiento sobre el contenido y la semántica de lo leído activan la corteza prefrontal y la memoria de trabajo, que es la que utilizamos para resolver problemas, planificar el futuro y tomar decisiones. Está comprobado que la activación regular de esa parte del cerebro fomenta no sólo la capacidad de razonar, sino también, en cierta medida, la inteligencia de las personas.

Una vez que este conocimiento se “cristaliza” en la memoria a largo plazo, se experimenta una especie de satisfacción y bienestar debido a esta nueva información adquirida. Se trata de incluso del apareamiento de una actividad –la lectura– y una sensación –de placer– que generará la repetición de este patrón. 

Esto, en conjunto, refuerza las habilidades sociales y empáticas de las personas. En el trabajo de Keith Oatley, novelista y psicólogo de la Universidad de Toronto en Canadá, se destaca que la literatura de ficción simula en los humanos una interacción social. Oatley considera que “ese tipo de literatura, al ser como una exploración de las mentes ajenas, hace que quien lee mejore su empatía y su comprensión de los demás, algo de lo que estamos muy necesitados”. Además, debido a que la ficción trata con personajes y situaciones complejas, contribuye no sólo a disminuir el nivel de estrés del lector sino también los prejuicios generados en la cultura. 

En pocas palabras, la lectura es una especie de gimnasio mental que resulta más asequible y barato que uno para el cuerpo. Cada persona que lee (desde los niños hasta los individuos de la tercera edad) necesita elegir el tipo de lectura que más le llama la atención y le motiva –por supuesto, en función de su edad y facultades visuales. 

La guía de Hunter S. Thompson para beber y leer sus libros

Libros

Por: PijamaSurf - 03/24/2017

Algunas sugerencias para maridar correctamente la lectura de una de las grandes figuras del periodismo alternativo

Escritor, cazador, psiconauta, espía, político, neurótico, alohólico y periodista. El genial inventor del periodismo gonzo, el que pone al reportero en primer plano como testigo-narrador de los hechos que va contando, el infiltrado, el único y raro, el siempre controvertido: Hunter S. Thompson.

Su trabajo impactó como pocos el ejercicio del periodismo y perfiló algunas de las prácticas y tendencias de la nueva manera de hacer noticias. La persecución obsesiva por mostrar la verdad se manifiesta a lo largo de su obra a pesar de su flexible concepto de realidad; para Thompson, no tenía mayor importancia cambiar algunos hechos o sucesos con tal de transmitir con mayor efectvidad la verdad detrás de ellos.

Lo excepcional de su labor es que gran parte del tiempo la realizaba bajo los efectos de una o varias sustancias, generalmente cerveza, cigarro, marihuana, ron, cocaína, Chivas, LSD, mezcalina y un larguísimo, etc. Su particular punto de vista sobre sucesos ásperos o aburridos ponía de relieve aspectos de los mismos difíciles de alcanzar para un ojo menos entrenado.

En honor a él te presentamos una breve guía para acompañar su lectura con las viandas, sustancias y bebidas correctas:

 

Ángeles del infierno, 1966

 

 

Un libro apasionante, resultado de 1 año completo de investigación en el que Hunter encontró la manera de contactar, negociar y vivir junto a la afamada pandilla, mundialmente reconocida por su capacidad para intimidar hasta al más rudo.

Las habilidades etílicas de Thompson fueron fundamentales para poder llevar adelante esta misión; un buen acompañante para este largo camino pavimentado es un buen whisky bourbon Wild Turkey. Alcoholismo con sabor a cuero y gasolina.

 

Miedo y asco en Las Vegas, 1971

 

Quizá el libro más célebre del autor, gracias al retrato que hizo Johnny Depp de él (desde aquel entonces se volverían inseparables e incondicionales amigos) con Terry Gilliam tras la cámara. En dicho filme Hunter, también conocido como Raoul Duke, consume casi de todo: drogas duras, blandas, suaves y elásticas de todo tamaño, forma y color. Desde Las Vegas y a todo color, intentando perseguir el sueño americano.

A pesar de que podría parecer lógica la mezcla perfecta, recomendamos fuertemente sustituir cualquier ímpetu psicoaventurero (para no perder detalle de la lectura) por la clásica rutina diaria de nuestro sujeto de estudio: cuatro bloody marys, dos vasos de jugo de uva, una taza de café, algunas crepas, 1/2 libra de carne, comida al gusto y dos margaritas.

 

El diario del ron, 1998

 

 

Escrito en los 60 pero nunca publicado, este manuscrito vio la luz después de que Johnny Depp lo encontrara entre el trabajo de ficción de Thompson.

En esta novela seguimos la trayectoria de un periodista parecido al autor que decide dejar su trabajo en Nueva York para dirigir un periódico en San Juan, Puerto Rico, con resultados disparatados.

El acompañante obligado del libro: una buena botella de ron, preferentemente puertorriqueño, que nos estrella el oleaje caribeño en la cara mientras navegamos por sus páginas.

 

Miedo y asco en el tren de campaña del '72, 1973

 

 

Un compendio de artículos publicados originalmente en la revista Rolling Stone da cuenta de una de las campañas presidenciales del 72.

Aquí no se trata de sumergirse en el abismo hedonista que propone su antecedente sino de atestiguar el sinsentido de la política ayudado por la única cosa que puede volver un poco más comprensible y coherente al mundo de las promesas y las corbatas: el alcohol.

La elección más razonable en cuanto a la bebida sería la ginebra, servida directamente de la botella a temperatura ambiente y sin miramientos en cuanto a cantidades se refiere.

 

Páginas gonzo, vol. 1: el gran cazador de tiburones, 1979

 

 

El primero de cuatro tomos inundados con una muestra de la prosa más punzante, creativa y vanguardista del célebre autor. En esta ocasión abarca desde los 50 hasta los 70.

Encima, viene servida con una buena porción de ilustraciones del coautor de tanta desfachatez, el gran Ralph Steadman, quien ilustraría mucha de la obra del señor Thompson publicada en revistas como National Observer, Rolling Stone, Playboy y New York Times.

Se recomienda ampliamente manufacturar con hielo, menta, azúcar, agua y bourbon un delicioso julepe estilo Kentucky, tradicional de la tierra que inspiró crónicas nauseabundas sobre el atropellado mundo de las carreras en el desierto.

 

¡Salud!