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La igualdad de oportunidades no existe (por ahora), y este cómic lo ilustra a la perfección

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/17/2017

Si crees que todos pueden lograr todo lo que se propongan si se esfuerzan lo suficiente, te sugerimos revisar este cómic

En nuestras sociedades se nos ha enseñado que todos podemos hacer todo lo que nos propongamos si nos esforzamos lo suficiente. Esta afirmación podría sonar cierta –y, sin duda, muchos la aceptamos diariamente sin mayor cuestionamiento. Su problema, sin embargo, radica en esa ambición de totalidad, como si el sistema en el que vivimos se distinguiera por la igualdad de oportunidades que genera y no justamente por lo contrario, por tener en la desigualdad uno de sus principales motores de existencia.

Para ilustrar esta circunstancia, compartimos ahora un cómic publicado originalmente en el sitio The Pencilsword y cuya autoría pertenece a Toby Morris. Grosso modo, la tira cuenta la historia de dos personas, un hombre y una mujer, que nacen en contextos sociales muy distintos que, conforme transcurre su vida, influyen notablemente el curso de ésta.

Si bien ambos siguen caminos muy parecidos –los dos van a la escuela, cumplen con sus tareas, consiguen un trabajo, mirando con detalle se descubre que, después de todo, el esfuerzo no es lo único que se necesita para “triunfar” en la vida, pues otros factores determinan también el éxito de una persona.

La realidad no es la representación que nos hacemos de ella, y este mapa del arquitecto japonés Hajime Narukawa es el mejor ejemplo de ello

La cartografía, con ser una ciencia, es también una ilusión. Posee procedimientos rigurosos y aspira a la fidelidad de llevar a un mapa la realidad geográfica de nuestro planeta, pero en la medida en que se traduce en una representación que a su vez provoca un efecto en las personas, los mapas que se generan pueden mirarse asimismo como un recurso por el cual generaciones enteras son formadas bajo ciertas ideas. Ciertos cartógrafos medievales, por ejemplo, situaban a Jerusalén en el centro del mundo. A medidos del siglo XX, el artista uruguayo Joaquín Torres García dibujó un mapa de América del Sur pero invertida, esto es, con el Ecuador en la base y la Patagonia en la parte superior, un gesto artístico pero también político con el que quiso manifestar que no todo el arte valioso y digno de reconocimiento se generaba en los países del norte.

Estos ejemplos, entre otros motivos, sirven para preguntarnos por el significado de los mapas, para no verlos con inocencia sino, por el contrario, con cierto escepticismo, como representaciones de una realidad que desde otras perspectivas puede ser distinta.

Prueba de ello es el trabajo del arquitecto japonés Hajime Narukawa, quien desde hace 10 años ha buscado la representación más exacta posible, en un plano bidimensional, de la forma esferoide oblata de nuestro planeta.

Los mapas del mundo que usualmente vemos usan la proyección de Mercator, llamada así en honor al cartógrafo flamenco Gerardus Mercator, quien la desarrolló en 1569. Por casi 500 años nuestra idea de los continentes, mares y casquetes polares ha dependido de una proyección que convierte la forma de la Tierra en un cilindro que hace posible su representación en dos dimensiones. Aunque útil, este método es impreciso, pues en última instancia no refleja las dimensiones reales de la geografía terrestre. Por poner dos ejemplos sencillos: África y la India son mucho mayores de lo que estamos habituados a imaginar, y la verdad es que ni Estados Unidos ni Europa son tan grandes como parecen.

Narukawa ha seguido en parte los pasos de Buckminster Fuller, arquitecto e inventor que, preocupado también por estas cuestiones, desarrolló el mapa Dymaxion, una proyección en la que la Tierra se convierte en un icosaedro para que las caras de éste puedan desplegarse en un plano.

En la proyección de Narukawa, denominada Authagraph, ese poliedro que corresponde a la esfera terrestre está compuesto de 96 caras triangulares de idéntica superficie que, al desdoblarse, se transforman en el tan asequible mapa rectangular al que estamos acostumbrados.

Sólo que en este caso no es el mapa de siempre, sino uno en el que las dimensiones de todo cuanto existe sobre la superficie del planeta se acercan con la mayor precisión posible a la realidad.

El mapa no es el territorio, decía un motto célebre hace algunos pocos años. La realidad, después de todo, no es solamente la representación que nos hacemos de ella, pero no menos cierto es que estas representaciones, si nos descuidamos, son capaces de determinarla.