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7 muros de conciencia que la humanidad tiene que derribar antes de vivir sin fronteras

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/10/2016

Estas 7 barreras impiden nuestra convivencia franca con los otros, pero sólo porque así lo permitimos

Las fronteras han existido en prácticamente toda la historia de la humanidad. Hubo un breve período, hace miles de años, en que los antepasados de nuestra especie conocieron la comunión perfecta y la solidaridad sin límites, pero después de eso, todo fue más o menos como lo conocemos hasta la fecha: división, desunión, diferenciación.

Mucho de esto, sin embargo, existe sólo en nuestra mente. En varios casos las barreras que impiden la convivencia son más bien mentales.

A continuación compartimos siete de estos “muros de conciencia” que están ahí, en nuestras relaciones de todos los días, los cuales bastaría dejar de sostener para que cayeran por sí mismos, bajo el peso de su inutilidad.

 

La idea de propiedad

Desde las primeras mitologías se ha creído en la existencia de una “edad de oro” caracterizada por la abundancia de todas las cosas, la paz, la tranquilidad y la ausencia del sufrimiento. Pero además de todo esto, las historias en torno a ese motivo coinciden en un elemento: la inexistencia de la idea de propiedad. “Entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”, dice Don Quijote en su célebre discurso al respecto.

Mucho de lo que pensamos que nos pertenece son en realidad bienes transitorios; lo permanente, que es más valioso, nunca nadie nos lo arrebatará: ¿por qué entonces seguir pensando que algo es nuestro, exclusivamente?

 

La individualidad

La clave de nuestra supervivencia como especie fue la asociación entre individuos, algo que aún podemos observar en parientes evolutivos nuestros como los chimpancés o los gorilas. A diferencia de otros animales, nuestra fortaleza ha estado siempre en la unión con otros. No obstante, en el último siglo se ha impuesto justo la tendencia contraria: la atomización de la sociedad, el aislamiento en individuos que se sienten incapaces de formar un lazo con otros. Pero la historia demuestra lo contrario: que necesitamos de otros para vivir y conseguir lo que nos proponemos.

 

La falta de empatía

Otro rasgo contemporáneo cada vez más común es la renuencia a “ponerse en los zapatos de otro”, como se dice coloquialmente. Ahora el ensimismamiento domina nuestras relaciones cotidianas, desde las más simples (en la calle o en el trabajo) hasta las más complejas (una relación de pareja, por ejemplo). Tal parece que sólo podemos ver el mundo desde nuestra perspectiva, sin ponernos a pensar que cada cual experimenta la realidad a su propia manera, según sus propias circunstancias.

 

El temor al dolor

¿Por qué actualmente le tendremos tanto miedo al dolor? Nosotros no tenemos la respuesta a esa pregunta, pero sí otra cosa: la certeza de que el dolor es un gran maestro. Como han asegurado numerosos artistas, filósofos y otros grandes pensadores, el dolor templa el espíritu, es decir, hace que nuestra forma de habitar la realidad transite hacia prácticas más compasivas, empáticas e incluso, paradójicamente, relajadas. El dolor nos hace más humanos, y con ello nos acerca más a los otros.

 

La idealización

Idealizar es un movimiento más o menos natural de la mente, pero no por ello menos dañino. Idealizamos un estilo de vida, una relación, a personas específicas e incluso a países enteros. Sólo que idealizar deja fuera los detalles mínimos y particulares que dan una perspectiva mucho más precisa de cualquier cosa. Curiosamente, al idealizar nos alejamos de la realidad.

 

El apego

La noción de apego se asocia sobre todo con la doctrina budista, en donde se le considera el origen del sufrimiento. Sufrimos porque no entendemos que, en última instancia, lo único que nos pertenece es lo que somos, y nada más. Nos empeñamos en hacer nuestro aquello que por definición nunca será más que de sí mismo, y al imponerse esa realidad, nacen la frustración, el dolor, la tristeza. ¿Qué pasaría si abandonáramos ese esfuerzo estéril?

 

Ego

La “cárcel del ego” no es un lugar agradable. Es inhóspito, solitario, amargo incluso. Sin embargo, muchísimas personas se aferran a vivir ahí. Muchas veces por miedo, otras por ignorancia, algunas más por una falsa sensación de comodidad.

Agradecer, escuchar, reconocer al otro en su diferencia, ser compasivo, vivir ligeramente. Todas esas son vías para salir de esa cárcel que, paradójicamente, tiene las puertas abiertas, listas para que salgamos en cuanto tomemos la decisión de hacerlo.

 

¿Qué te parece? ¿Qué piensas tú que necesitamos para dejar de vivir rodeados de fronteras? 

#RompeTusMuros

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

Todo es ala y fugacidad 
en la galaxia de esta lumbre.

José Emilio Pacheco 

Y con este artículo terminamos de recorrer los arcanos mayores del tarot, 22 artículos y muchas películas, el ejercicio ha sido revelador en distintas formas. Hay quienes hablan de mirar a los arcanos del tarot como una secuencia, un viaje del héroe, para que sea fácil de entender. Por ejemplo Alejandro Jodorowsky, hablando del arcano del mundo, dice que es la perfección alcanzada por el loco después de recorrer todos los arcanos, en su ultima forma: el andrógino. 

 

El Mesías

En resumen la carta significa un cambio definitivo, la  capacidad para ese cambio, que nos brinda la vida eterna. Eliphas Lévi desarrolla la idea de la siguiente manera: 

Este arcano universal, último y eterno secreto de la alta iniciación, está representado en el tarot por una joven desnuda que no toca la tierra más que con un pie; tiene una varita imantada en cada mano y parece correr dentro de una corona que soportan un ángel, un águila, un buey y un león.

Esta figura es análoga en cuanto al fondo de las cosas al querube de Jekeskiel, del que ofrecemos el grabado, y al símbolo indio de Addhanari, análogo al Ado-nai de Jekeskiel, a quien llamamos vulgarmente Ezequiel. La comprensión de esta figura es la clave de todas las ciencias ocultas. Los lectores de mi libro deben comprenderla ya filosóficamente, si se han familiarizado un tanto con el simbolismo de la cábala. Quédanos ahora por realizar la más importante operación de la gran obra. Encontrar la piedra filosofal ya es algo sin duda. Pero, ¿cómo hemos de triturar a ésta para hacer el polvo de proyección? ¿Cuál es el uso de la varita mágica? ¿Cuál es el poder real de los nombres de la cábala? Los iniciados lo saben y los iniciables lo sabrán también si por las indicaciones tan múltiples como precisas que acabamos de darles, descubren el gran arcano. ¿Por qué estas verdades, tan sencillas y tan puras, están necesariamente ocultas a los hombres? Es que los elegidos de la inteligencia son un pequeño número en la Tierra y se parecen, en medio de los imbéciles y de los malvados, a Daniel en la cueva de los leones. Además, la analogía nos enseña las leyes de las jerarquía, y siendo la ciencia absoluta un poder, debe ser exclusivamente compartido entre los más dignos. La confusión de la jerarquía es el verdadero desfallecimiento de las sociedades, porque entonces los ciegos conducen a los ciegos según la palabra del maestro. Devuélvase la iniciación a los reyes y a los sacerdotes y el orden surgirá de nuevo. 

Palabras agresivas del gran mago que nos ubican ante una nueva era, de seres ascendidos gobernando en lugar de la corrupción y la miseria, la gran obra, o la nostalgia de algo que nunca existió. Para los que conocemos los mitos de la Atlántida en historias relatadas, y que hemos leído los Vedas pensando que son tiempos que semejaban los de la Atlántida, podremos pensar que el deterioro lleva ya varios años, las cartas del tarot nos describen verdades alcanzables a diferencia de crear castillos en el aire. Verdades absolutas a las que nos podemos acercar con nuestro comportamiento y decisiones cotidianas.

Así podemos pensar viendo la carta en el Mesías anunciado caminando la tierra, para nadie es secreto ya que los animales representan a los apóstoles, y en sus manos lleva la dualidad el Mesías en forma de las dos velas que ubica Levi. El estado crístico al que asciende en Ordet (C. T. Dreyer, 1955), el loquito de la familia Johannes, al parecer por identificarse demasiado con los escritos de Kierkegaard. Perdido en los montes termina brindando la vida a alguien ya muerto, o regresando a la vida a la fallecida cuñada. Es la manera como está construida la película, con esa luz, con esos objetos acomodados de cierta manera, con esos rostros, que se construye el arcano en filme. 

De una forma similar funciona Rompiendo las olas (Lars Von Trier, 1996) pero incluyendo el sacrificio personal de la protagonista, para salvar al hombre que ama, actos de fe inspirados en Ordet pero que inmiscuyen una sexualidad animal, que espejea las bestias en las nubes del arcano. Una vez más es la luz de Muller el fotógrafo, los movimientos de cámara a los que lo forzaba Von Trier, el espectáculo volteado hacia dentro, grotesco en apariencia pero hermoso en fondo y forma, una película que trascendía y nos lo recordaba cada fin e inicio de capítulo, alucinaciones de posproducción a las que no estaba acostumbrado el espectador. Es la nueva era del entendimiento y la libertad mental.  

 

El sexo y el baile  

Sally Nichols hace hincapié en ciertas características andróginas del personaje en cuestión, siendo una representación de lo dual, pero sobre todo en cómo se oculta el sexo bajo del personaje bajo la toga, cinta que marca cierta realeza, reconocimiento que baja desde el hombro, es un elemento que nos habla del sexo que lo vincula directamente con la trascendencia, la manera como se puede usar el sexo como combustible para la salvación o la destrucción. Podríamos pensar que si anteriormente vimos la nave fuera de nosotros, en el caso del Juicio, ahora en este grado nos rodea, nos hace sentir seguros, pero no de la forma en la que el carro lo hacía. El vehículo es Dios, y siempre ha estado ahí, pero la conciencia de estar dentro y fuera de él nos libera, en un lugar donde se puede bailar eternamente, la guirnalda sostenida por las fuerzas espirituales.

En realidad es evidente cómo destaca el baile en el cine, y ha destacado por siempre, es de los grandes temas que encontraba la prestigiosa escuela de Frankfurt al estudiar las películas a inicios del siglo pasado, además de las escenas de persecución por ejemplo. El bailarín en el cine encarna a la carta simbólicamente, es ese momento perfecto entre ying y yang que las personas pueden ser por medio de un baile, no podemos dejar de mencionar a Fred Astaire, Gene Kelly, que viene acompañado en ese año por muchas luminarias, las coreografías de MGM (en los años 30) donde decenas de bailarines se convertían en un solo ser; pero sobre todo el bailarín en un relato realista que encarnaba al arcano: pensemos en Flashdance (Adrian Lyne, 1983) o Footloose (Herbert Ross, 1984), toda una era que respiraba por medio de estos seres ochenteros con atuendos llamativos, pero en particular la iluminación de las escenas y además de las coreografías la manera como era filmado el espectáculo y sobre todo editado, no cabe duda que el baile en el cine alberga muchos misterios. 

Nichols sobre la danza:

Cuando bailamos nos movemos a través del espacio al ritmo que marca el tiempo, consiguiendo hacerlo de una manera armónica con la ayuda de la música, símbolo del sentimiento. La danza aparece como un arte sagrado, una forma de oración, con la cual el hombre alcanza a tener una idea entre el tiempo mortal y el tiempo trascendental, y se experimenta a sí mismo como una parte del proceso siempre cambiante. A través de la danza ritual, el chamán conecta con el universo para restablecer el equilibrio de la naturaleza de modo que puede llamar a la lluvia o practicar curaciones. A través de la danza extática, los derviches se apartan del tiempo mortal, emparejando su ritmo con el girar de las estrellas.

Podemos ver un espejo entre esta carta y la primera, la del loco, pero esto no es locura, es realidad espiritual y el loco sí es su cabeza de loco, que es la diferencia el reconocimiento del exterior, que le brinda la guirnalda, los signos zodiacales que le dan los tiempos, la pista digamos para poder bailar, sin ser un tipo al que le muerden los pantalones un perro, ni siquiera necesita pantalones. 

Bring it On (Peyton Reed, 2000) bajo su supuesta banalidad, llena de superficialidades, sorprendentemente se puede ver en esta cinta al arcano del mundo, bailes impecables, bastones, pompones, es la energía manifiesta del arcano. Una buena pregunta sería: ¿qué nos podría suceder si vemos continuamente películas de baile? 

Hay que recordar de una manera zen que para completar el círculo hace falta el movimiento, y lo mejor es que sea un solo movimiento. 

 

Fuentes
http://amediavoz.com/pacheco.htm
Couste, A. El tarot o la máquina de imaginar.
Lévi, E. Dogma y ritual de la Alta Magia.
Nichols, S. Jung y el tarot.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo
 

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