*

X
Un mundo fascinante: cada vez que tomamos un vaso con agua podríamos estar bebiendo miles de millones de años

Cuando bebas agua dedica un pensamiento al manantial.

Proverbio chino

"El agua es vida", reza la frase popular que todos hemos escuchado en incontables ocasiones pero que pocos dimensionamos realmente. Y es que este líquido, su ineludible fluidez, es candidato a ser uno de los ingredientes más preciosos del universo. ¿Por ejemplo, si cuando bebes agua en un vaso, gesto obviamente rutinario, consideraras que ese líquido traslúcido que estás ingiriendo podría ser más viejo que el mismo Sol, no lo verías de forma distinta?, ¿lo revalorarías radicalmente? 

16TB-water-articleLargeAunque no está del todo confirmado cómo llegó el agua a la Tierra, una de las teorías más aceptadas sugiere que utilizó como vehículo partículas de hielo que flotaban en una nube cósmica hace 4 mil 600 millones de años, antes de que el Sol se estableciera en nuestro vecindario cósmico. Y de acuerdo con los cálculos astrofísicos, al menos la mitad del agua presente en el planeta tiene ese origen, es decir, la mitad del agua con la que interactuamos es mucho más vieja que el propio sistema solar.    

Este dato abismal es una invitación perfecta para redimensionar el valor del agua y el papel que este generoso elemento juega en nuestra vida y en el universo. Sin agua no somos y ella sabe más, mucho más, que nosotros. Pero además es un buen aliciente para reencantarnos con la realidad. A fin de cuentas la cantidad de aspectos e ingredientes presentes alrededor de, incluso, el más simple acto, por ejemplo beber un vaso de agua, es tan rica que pareciera no haber pretexto para no aceptar que el nuestro es un mundo alucinante, uno absolutamente propenso para ejercer la fascinación y, como consecuencia, el agradecimiento. 

Cuando bebemos agua bebemos miles de millones de años, y como sugiere Nicholas St. Fleur en el New York Times, bien valdría la pena brindar por eso. 

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Este escenario apocalíptico espera a la Ciudad de México en la fase 2 de contingencia ambiental

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/19/2016

Si las condiciones de la calidad del aire no mejoran en el valle de México, estas serán las medidas estrictas que podrían implementarse

Quien esté familiarizado con la literatura o la cinematografía distópica sabrá que en este género de ficción el futuro tiene un tinte más bien siniestro, como si en última instancia todos los progresos previos de la humanidad no pudieran desembocar más que en caos, sufrimiento generalizado, destrucción y más. Los ensueños renacentistas de un porvenir luminoso, sabio y placentero para todos viraron radicalmente sobre todo a partir de los acontecimientos vividos en el siglo XX, en el que las catástrofes de las dos guerras mundiales, la explosión de un par de bombas atómicas, la hambruna de todo un continente y otros sucesos afines fueron evidencia suficiente de las promesas rotas de la modernidad.

Actualmente la Ciudad de México vive una de sus peores crisis ambientales en varios años. Desde hace algunos meses sus habitantes respiran el aire más tóxico del que se tiene memoria, consecuencia sí de las condiciones atmosféricas de esta época del año, de la situación geográfica de la urbe, pero también de otra coincidencia de factores en los que tienen responsabilidad lo mismo autoridades gubernamentales que los propios habitantes de la ciudad.

Ante esta situación y pese a la implementación durante 3 días consecutivos de la fase 1 de Contingencia Ambiental (la cual incluye medidas restrictivas a la circulación de automóviles, por ejemplo), la calidad del aire no ha mejorado, por lo que parece posible y acaso incluso inminente que la ciudad viva un episodio inédito en su historia: la fase 2 de dicho programa.

¿En qué consiste ésta? Según la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME), estas serían las medidas:

·Se suspende 50% del parque vehicular. Un día no transitarán los autos con terminación par y al siguiente descansarán las terminaciones nones. Las autoridades decidirán con cuál se inicia.

·No circula el transporte público federal terminación par o non.

·Se evaluará si será necesario suspender actividades en oficinas públicas, instalaciones culturales y recreativas.

·Se contemplaría la suspensión de clases si lo deciden las autoridades.

·Todas las industrias de competencia federal reducirán emisiones hasta en 60%.

·Las estaciones de gasolina dejarán de dar servicio según su terminación en pares o nones.

·Se suspenderán actividades a cielo abierto.

·Se suspenderán actividades en establecimientos que utilicen combustible leña o carbón.

·Tendrán que parar labores las industrias relativas a la fabricación artesanal de tabiques.

·Se disminuirá en 60% la operación de equipos de combustión indirecta.

·Se emplearán sensores para detectar y retirar de circulación a vehículos contaminantes.

·Se aplicaría en la Zona Metropolitana (16 delegaciones y 18 municipios del Estado de México).

Un tanto apocalíptico, ¿no?

Lo interesante del género distópico, sin embargo, es que muchos de sus autores no resistieron la tentación de concluir con un final si no optimista, al menos esperanzador. Aun las narraciones más oscuras quieren creer que al final de ese callejón sin salida de la civilización se enciende una luz que redima a la humanidad de todo el mal causado lo mismo a sus semejantes que al entorno.

Quizá, de implementarse, estas medidas nos sacudan y nos despierten del sueño de egoísmo, indiferencia y destrucción en que estamos inmersos.