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Un jardín que es una metáfora de las últimas teorías de la cosmología permite caminar por verdes galaxias espirales y contemplar agujeros negros y otros enigmas de la física

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Sobre una tierra devastada por los resabios de explotación minera en Crawick, Escocia, un duque y un paisajista obsesionado por la cosmología han construido un sofisticado jardín que sostiene ser una representación del multiverso. El arquitecto de la obra, Charles Jencks, antes ya había construido jardines que combinan la ciencia con la horticultura, como es el caso de su extraordinario Jardín de Especulación Cosmológica, lugar en el que materializó la siguiente idea: "¿Qué es un jardín sino la celebración de nuestro lugar en el universo?". El multiverso de Crawick es un proyecto aún más ambicioso.

Imagen: http://assets.atlasobscura.com/article_images/18679/image.jpg

Un extraordinario reportaje en Atlas Obscura cuenta la génesis de este proyecto y su reciente develación con todo y un congreso de cosmología orientada a la exploración del multiverso en el que participaron diversos físicos, hospedados por el duque Richard Buccleuch en el castillo Drumlanrig, donde pasaron el solsticio de verano haciendo excursiones a la vegetación y las esculturas microcósmicas que constituyen el "multiverso". El jardín, según narra Alina Simone en Atlas Obscura, consta de un supercúmulo de galaxias, montes espirales gemelos de la Vía Láctea y Andrómeda, un Anfiteatro Solar, un Paseo de Cometas, diferentes estructuras de las fases de agujeros negros, un Omphalos (el ombligo o surtidor cósmico del mundo) y, por supuesto, el multiverso mismo.

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Imagen: http://www.atlasobscura.com/articles/the-duke-the-landscape-architect-and-the-worlds-most-ambitious-attempt-to-bring-the-cosmos-to-earth

El nuevo jardín, en la tradición de los grandes jardines de Oriente, despliega un espacio que permite tener una experiencia de belleza, simetría, relajación y posiblemente expansión de la conciencia. Jencks explia que de hecho "estamos teniendo un diálogo con el universo", el jardín parece hacer visible ese misterioso diálogo que algunos místicos describen como la forma en la que el universo se conoce a sí mismo (a través de nosotros). Caminando entre estas estructuras que parecen evocar la monumentalidad druida de construcciones como Stonhenge y las majestuosas estupas del budismo con el delirio artístico de Dalí o de otro arquitecto británico, Edward James, uno imagina que la contemplación de los misterios del universo y las experiencias epifánicas brotan con soltura cristalina y fluidez mercurial. El jardín parece ser la feliz conjunción de los dos significados de la palabra pitagórica "cosmos": orden y belleza, de una forma que, si bien es recurrente en cualquier jardín (símbolo siempre de la perfección de la obra divina), en este caso se torna extrañamente literal, puesto que el jardín es explícitamente cósmico. Los pobladores locales sólo querían un parque para caminar y llevar a cabo sus competencias de banda de bolsa de pipa; ahora tienen una profusión de metáforas, enigmas del espacio-tiempo y posiblemente un páramo para cruzar hacia nuevos universos que se bifurcan.

Imagen: http://www.atlasobscura.com/articles/the-duke-the-landscape-architect-and-the-worlds-most-ambitious-attempt-to-bring-the-cosmos-to-earth

No sabemos si Jencks y el duque están familiarizados con la obra de Borges, pero su "Multiverso de Crawick" remite a "El jardín de senderos que se bifurcan", uno de los cuentos más famosos de Borges, el cual también puede leerse como una metáfora de la teoría del multiverso o más bien como una prefiguración de la teoría de Everett de "los muchos mundos". En "El jardín de senderos que se bifurcan" (una alusión al tiempo mismo, sustancia inefable), Borges escribe:

Ts'ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto. El Pabellón de la Límpida Soledad se erguía en el centro de un jardín tal vez intrincado; el hecho puede haber sugerido a los hombres un laberinto físico. Ts’ui Pên murió; nadie en las dilatadas tierras que fueron suyas, dio con el laberinto; la confusión de la novela me sugirió que ése era el laberinto. Dos circunstancias me dieron la recta solución al problema. Una: la curiosa leyenda de que Ts'ui Pên se había propuesto un laberinto que fuera estrictamente infinito.

Este infinito se teje a través de la perpetua bifurcación. Lo que en la física es el colapso de la función de onda --y la continuidad en otro universo-- en el texto de Borges es la bifurcación de otro provenir:

En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable T'sui Pên, opta --simultáneamente-- por todas. Crea así diversos porvenires, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan.

Tanto Borges como Charles Jencks continúan ese proceso perenne en el hombre --el jardinero de la creación-- de construir en sus obras metáforas del misterioso orden del universo. Algunas son más afortunadas, y en ellas podemos vislumbrar una belleza y una verdad que parece acercarnos al centro radiante del enigma. 

 

Twitter del autor: @alepholo

Más fotos en Atlas Obscura

¿Vives para experimentar o para fotografiar y mostrar tus experiencias? (lecciones de Italo Calvino)

Arte

Por: pijamasurf - 12/06/2015

Italo Calvino anticipa Instagram en un extraordinario texto de 1970: la estupidez de vivir para tomar "fotos increíbles"

 

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El sitio Brain Pickings rescata las ominosas palabras de Italo Calvino, quien parece anticiparse a la era de Instagram en su análisis del consumismo de la imagen. En un libro de relatos llamado Amores difíciles, el lúcido escritor italiano se adelanta a este simulacro de (ir)realidades que son aumentadas por el filtro de la imagen:

La línea entre la realidad que es fotografiada porque nos parece bella y la realidad que nos parece bella porque ha sido fotografiada es muy estrecha. En el minuto en el que dices algo como "Ah, ¡qué hermoso! Debemos fotografiarlo!" ya estás muy cerca de la visión de la persona que cree que todo lo que no es fotografiado se pierde, como si nunca existiera, y que, para realmente vivir, debes fotografiar lo más que puedas, y para fotografiar lo más que puedas, entonces, debes vivir de la forma más fotografiable posible, o de alguna forma considerar fotografiable cada momento de tu vida. Lo primero lleva a la estupidez; lo segundo lleva a la locura.

A esto podemos añadir la frase de Susan Sontag en su tratado de fotografía, donde señala: "Necesitar confirmar la realidad y la experiencia aumentada es un consumismo estético al cual todos somos adictos actualmente". Esto fue escrito en 1977; no hay duda de que los artistas alcanzan a ver con anticipación. 

¿Acaso no te parece estúpido vivir para producir momentos fotografiables increíbles y no experimentar realmente estos momentos? En muchos casos la imagen tiene más atracción y fuerza que la realidad, dando, de hecho, imperio al simulacro, como creía Baudrillard. Esto en la época de Instagram, donde se ha creado una hueste de "self-made stars", que se inventan como personas fabulosas, modelos hermosas que llevan una vida esterotípicamente perfecta --pero que es completamente falsa y sin espíritu.

Una cierta naturalidad espontánea que es rota cuando nos movemos por la realidad cazando una imagen para mostrarla en nuestro perfil de social media. Según Calvino, este modo de fotografiar "aleja el presente" y hace que "la alegría huya en las alas del tiempo". Nos coloca en un modo de realidad conmemorativa --celebramos momentos que nunca vivimos realmente, que sólo fotografiamos.